LA HISTORIA SE REPITE
La
pandemia por COVID-19 ha provocado un desajuste en todos los sistemas de salud.
La mayoría de los países habían olvidado cómo comportarse ante una epidemia de
estas características sin disponer de los recursos adecuados. Es preciso
realizar un balance de todo lo sucedido, instruir a la población y generar un
nuevo conocimiento que nos permita afrontar nuevas epidemias.
Consejos de la OMS a todos los
países
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Petición
a todos los países para activar e incrementar mecanismos de respuesta a la
emergencia |
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Presente |
Futuro |
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No estábamos preparados. |
Innovar y aprender. |
Aunque
la etiología fuera diferente, epidemias previas pueden remedar las situaciones
y comportamientos vistos en la actual epidemia COVID-19.
En
el año 1665 la ciudad de Londres se vio sometida a una grave epidemia de peste
y, casualmente, existe un relato recogido del año 1663 que alababa el beneficio
de la quinina suministrada por un cacique indio en Perú para curar una fiebre
gravísima.
En
esos mismos años, se empezó a utilizar la quinina en el tratamiento del
paludismo. Recientemente, en el contexto de la pandemia COVID-19, se ha
descartado el empleo tanto de cloroquina como de hidroxicloroquina en los casos
graves hospitalizados debido al aumento de la mortalidad y de la frecuencia en
la aparición de arritmias ventriculares, estando pendiente de comprobar
su posible utilidad en las etapas más tempranas de la infección.
Pandemia a nivel mundial
En lo que respecta a la pandemia
por el SARS-CoV-2, la afectación mundial ha sido rápida, extensa y en continuo
crecimiento debido a una vía común de contagio, como es la vía respiratoria, la
gran contagiosidad demostrada y el rápido intercambio de bienes y personas. Su
afectación a recaído, aunque en diferente medida, en todos los extractos
sociales tanto de los países ricos como de aquellos emergentes y pobres.
La impresión actual es que la
epidemia sigue extendiéndose a nivel mundial con distintas fases evolutivas en
los diferentes países, con un número creciente de afectados y fallecidos a
pesar de una menor letalidad del virus, sea por la menor virulencia del mismo,
la mejor comprensión de la enfermedad entre el personal sanitario y la menor
saturación hospitalaria por nuevos casos. A pesar de ello, la pandemia sigue
activa afectando especialmente a la población de mayor edad, con comorbilidades
asociadas y pertenecientes a grupos sociales menos favorecidos.
Las
enfermedades infecciosas, sea en forma de epidemia o de pandemia, han
acompañado a la humanidad a lo largo de su historia. El gran número de
afectados y el incremento de la mortalidad hacen que sean, ante la
incertidumbre creada, un verdadero problema de salud con repercusiones
sociales. Es necesario crear las bases necesarias bien consolidadas que
sustenten una rápida respuesta ante los primeros signos de un nuevo brote de
una vieja epidemia o de una epidemia nueva.
Se puede recalcar entonces que, aunque la pandemia provocada por el COVID19 es la mayor que se ha visto en la actualidad, no se compara con la devastación que causó la Peste Negra, ya que la gran cantidad de fallecidos que dejó esta enfermedad ha prevalecido como la mayor de todos los tiempos, además el pánico y la desolación influyeron también en épocas posteriores al desastre.
De la misma manera, cabe mencionar que uno de los principales factores para la suscitación de ambas pandemias fue debido a la falta de control de sanidad en las ciudades mayormente pobladas del planeta, así pues, se ha visto el crecimiento de la infección de estas enfermedades acorde al modelo de una función exponencial no solamente en el sitio de origen, sino también alrededor de todo el mundo.
No obstante, se podría aclarar una diferencia entre estos desastres, la cual sería que el método de propagación es diferente, ya que, aunque en ambos casos el distanciamiento social se reconocería como una solución la enfermedad de coronavirus necesita la exclusiva “ingesta” del virus, por su parte, la peste negra podía contagiarse entre personas al más mínimo contacto con otra previamente infectada por la bacteria.
Puesto que el pánico es el principal factor para la decadencia, es pertinente aclarar que ni el desastre más grande de todos los tiempos fue capaz de culminar con los sectores fundamentales de un país, así por consecuente lograríamos establecer que la pandemia actual sería incapaz también de llevar esto a cabo y paulatinamente la población humana recuperará todo lo que la enfermedad del COVID-19 ha arrebatado al mundo entero.


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